Buscar este blog

martes, 13 de mayo de 2014

LA BELLEZA SUBLIME

Los árboles de los bosquecillos, que el camino atravesaba a cada instante, destacaban el negro contorno de sus hojas sobre un cielo estrellado, pero algo velado por una ligera bruma. El agua y el cielo estaban profundamente quietos. El alma de Fabricio no pudo resistir a esta sublime belleza, detúvose y sentose en una roca que se adelantaba dentro del lago, formando como un breve promontorio. El universal silencio conturbándolo apenas, en intervalos iguales, la suave ola del lago que venía a morir sobre la arena. Fabricio tenía un alma italiana; ruego al lector que le dispense; este defecto, que acaso le haga menos amable, consistía en que no era vanidoso más que por momentos, y la sola visión de la belleza sublime le enternecía; mitigábanse entonces sus dolores, perdiendo por un momento la agudeza de su cortante filo. Sentado en una roca solitaria, libre de los agentes de policía, protegido por la honda noche y el lejano silencio, unas lágrimas dulces corrieron por sus mejillas. Encontró, con poco gasto, los instantes más felices que había gustado desde hacía mucho tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario