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sábado, 5 de julio de 2014

RÍE BIEN EL QUE RÍE EL ÚLTIMO

ÉL. - ¡Que me dure esta desgracia cuarenta años más: ríe bien el que ríe el último!

SEGUIRÉIS DANZANDO LA PANTOMIMA VIL

ÉL. - Pues yo necesito buena cama, buena mesa, un traje ligero en verano, descanso, dinero y muchas otras cosas, que prefiero deber a la benevolencia que adquirirlas mediante el trabajo.

YO. - Porque sois un holgazán, un glotón, un cobarde, un alma de barro.

ÉL. - Creo habéroslo dicho.

YO. - Las cosas de la vida, sin duda, tienen un precio, pero ignoráis el sacrificio que hacéis para obtenerlas. Danzáis, habéis danzado y seguiréis danzando la pantomima vil.

PANTOMIMA DE LOS MISERABLES

ÉL. - Tenéis razón. En todo un reino sólo hay un hombre que anda: el soberano. El resto toma posturas.

YO. - ¿El soberano? Sobre eso hay, quizás, algo que decir. ¿No creéis que de vez en cuando se encuentra al lado suyo un pie menudo, un moñito, una naricita, que le obliga a hacer un poco de pantomima como a los demás? Todo el que necesita de otro es indigente y toma una postura: el rey, delante de su querida y de Dios, hace su paso de pantomima; el ministro, ante su rey, el paso de cortesano, de adulador, de doméstico, de mendigo. La muchedumbre de ambiciosos danza ante el ministro las posturas de cien maneras, las unas más viles que las otras; el abate de condición, con calzoncillo y largo manteo, cuando menos una vez por semana, hace lo mismo ante el depositario de la lista de los beneficios. A fe mía, lo que llamáis pantomima de los miserables es el gran vaivén de la tierra.

ÉSTA ES MI PANTOMIMA

YO. - Para servirme de vuestra expresión, o de la de Montaigne, os veo encaramado en el epiciclo de Mercurio, considerando las diferentes pantomimas de la especie humana.

ÉL. - Os aseguro que no; peso demasiado para subir tan alto. Abandono a los demás la región de las nieblas; yo me quedo a ras de tierra. Miro alrededor, adopto mis posturas o me divierto de las que veo a los otros. Soy excelente mimo, como podréis juzgar.

Luego se puso a sonreír, a imitar al hombre admirador, al que suplica, al complaciente. El pie derecho lo tenía adelantado, el izquierdo atrás, la espalda encorvada, la cabeza derecha, la mirada como fija en otros ojos, la boca abierta, los brazos tendidos hacia algún objeto. Espera una orden; la recibe, parte como una saeta, vuelve simulando haberla cumplido y da cuenta. Parece atento a todo; recoge lo que cae, coloca un cojín encima de un taburete, sostiene una bandeja, acerca una silla, abre una puerta, cierra una ventana, corre las cortinas, observa al dueño y a la dueña de la casa. Permanece inmóvil, con los brazos bajos, las piernas paralelas. Escucha, procura leer en las caras y añade: "Ésta es mi pantomima; poco más o menos la misma que la de los aduladores, los cortesanos, los criados y los mendigos".

LO PEOR ES LA POSTURA INCÓMODA

Pero si está en la naturaleza tener apetito (y vuelvo a él, por ser la sensación que siempre tengo presente) me parece que no es de buen orden no tener siempre qué comer. ¡Qué demonio de economía! Hay hombres que nadan en la abundancia, mientras otros, que tienen un estómago inoportuno, como ellos, un hambre renaciente, como ellos, nada tienen que llevarse a la boca. Lo peor es la postura incómoda en que nos coloca la necesidad. El hombre indigente no anda como los demás; salta, se abate, se enrosca, se arrastra y pasa su vida cambiando de posturas.

INSECTOS DIFERENTES

ÉL. - ¡Pues comete no pocos disparates! Por mi parte no veo desde esa altura en que todo se confunde: el hombre que poda un árbol con las tijeras y el gusano que roe la hoja, como dos insectos diferentes, cada uno cumpliendo con su deber. Encaramaos en el epiciclo de Mercurio y desde allí, si os conviene, a imitación de Réaumur, podéis distribuir la clase de moscas en costureras, agrimensoras, segadoras. Vos, a la especie de hombres, en ebanistas, carpinteros, pizarreros, bailarines, músicos y cantores. Es cosa vuestra y no me mezclo.

¿QUIÉN HACE COSAS BELLAS EN MEDIO DE SEMEJANTE ANGUSTIA?

Aquí se detuvo, pasando sucesivamente de la actitud de un hombre que tuviese un violín y luchase con sus cuerdas a brazo partido, a la de un pobre diablo extenuado de fatiga a quien las fuerzas faltan y flaquean las piernas, a punto de expirar si no se le tira un pedazo de pan. Mostraba su extremada necesidad, apuntando con un dedo a la boca. Después añadió: "Esto se comprende. Me echaban el pedazo y nos lo disputábamos los tres o cuatro hambrientos que éramos nosotros... ¿Quién piensa en grande y hace cosas bellas en medio de semejante angustia?"

PERECER DE MISERIA O HACER ALGO

¿Cómo salir de la situación? Había que perecer de miseria o hacer algo. Me pasaron por la cabeza toda clase de proyectos. Un día partí para contratarme en una compañía de cómicos de provincia, pues soy igualmente bueno o malo para el teatro que para la orquesta. Al siguiente pensé en que me pintasen uno de esos cuadros que se atan a una pértiga y se colocan en las encrucijadas para que yo gritase, desgañitándome: "Ésta es la ciudad en que nació. Vedlo despidiéndose de su padre el boticario; aquí lo tenéis, que llega a la capital buscando la casa de su tío... Ya está arrodillado ante él, quien lo echa... Ahora con un judío, etc., etc."

LA ADMIRACIÓN DEL UNIVERSO

ÉL. - Pero ¿creéis que no lo he intentado? No tenía aun quince años cuando por vez primera me dije: "¿Qué tienes, Rameau? Tú sueñas; ¿y en qué sueñas? ¿En qué querrías haber hecho o hacer algo que excitara la admiración del Universo?..." Bueno, bueno; para eso no tienes más que soplar o mover los dedos, repulgar con el pico y te convertirás en un ánade.

EL RENOMBRE DE SU PADRE

Para lograr el renombre de su padre hay que ser más listo que él: heredar su fibra. La fibra me ha faltado; pero la muñeca se ha desentumecido, el arco marcha y hierve la olla: si esto no es gloria, es caldo.

PERO EL DIOS SE HALLA AUSENTE

Remedaba al hombre que se enoja, se indigna, se enternece, demanda, suplica, y sin prepararse pronuncia discursos de cólera, de conmiseración, de odio y de amor; esbozaba los caracteres de las pasiones con una finura y una verdad sorprendentes. Después añadía: "Creo que es eso. He aquí lo que es encontrar un comadrón que sepa excitar, precipitar los dolores y hacer salir a la criatura. Yo hablo, tomo la pluma, quiero escribir, me muerdo las uñas y froto mi frente: Buenos días; es vuestro servidor. Pero el dios se halla ausente. Estaba persuadido de que tenía genio cuando al final de mi línea veo que soy un tonto. Pero no hay modo de sentir, de elevarse, de pensar, de pintar vigorosamente, frecuentando el teatro de personas tales como las que hemos de ver para vivir, en medio de las frases que se dicen y que se oyen, y de chismes como: "Hoy estaba encantador el paseo. ¿Habéis escuchado a la pequeña marmota? Trabaja que es una maravilla. El señor Fulano llevaba en su carroza unos caballos tordos, lo más bonito que puede imaginarse. La hermosa señora empieza a pasarse: ¿Es que a los cuarenta y cinco años se lleva un tocado como el suyo? La joven Perengana va cubierta de diamantes que no le cuestan nada". "¿Queréis decir que le cuestan caro, amigo?" "No". "¿Dónde la habéis visto?" "En El niño de arlequín perdido y encontrado". "La escena de la desesperación ha sido interpretada como nunca lo fuera. El Polichinela de la Feria tiene garganta, pero sin finura, sin alma. La señora quién sabe ha dado a luz dos niños a la vez: cada padre tendrá el suyo..." ¿Y creéis que esto, dicho y redicho, y escuchado todos los días, enardece y conduce a grandes cosas?

O AQUÍ NO HAY NADIE, O NO QUIEREN CONTESTARME

Después de esta historieta, mi hombre se puso a andar con la cabeza baja, el aire pensativo y humillado. Suspiraba, lloraba, se desolaba, alzaba las manos y los ojos al cielo, se golpeaba la cabeza con los puños para romperse la frente o los dedos, y añadía: "O aquí no hay nadie, o no quieren contestarme".

¿Y QUÉ ES UNA BUENA EDUCACIÓN?

ÉL. - Eso prueba la necesidad de una buena educación, ¿quién lo duda? ¿Y qué es una buena educación sino aquella que conduce a toda clase de goces, sin peligro ni inconvenientes?

NO MIRAN LA RIQUEZA COMO LA COSA MÁS PRECIOSA DEL MUNDO

YO. - De acuerdo. Es necesario ser muy torpe para no ser rico y permitirse todo para llegar a serlo; pero hay personas como yo que no miran la riqueza como la cosa más preciosa del mundo; personas raras.

EL AIRE SEGURO QUE ME VE

ÉL. - Sin duda en el oro. El oro es todo, y lo demás, sin oro, no es nada. Por eso, en vez de llenarle la cabeza con hermosas máximas, que tendría que olvidar, bajo pena de no ser más que un miserable, cuando poseo un luis, lo que no me sucede con frecuencia, me planto delante de él, lo saco de mi bolsillo y se lo enseño con admiración; levanto los ojos al cielo y lo beso. Para hacerle comprender, mejor aun, la importancia de la pieza sagrada, tartamudeo, y le indico con el dedo todo cuanto se puede adquirir: un bonito estuche, una bonita gorra, un sabroso bizcocho. En seguida vuelvo a guardar el luis, me paseo con altivez, levanto el faldón de mi vestido y golpeo con la mano mi faltriquera. Es así como le hago comprender que es del luis, que está ahí, de donde nace el aire seguro que me ve.

viernes, 4 de julio de 2014

UN GRAN PÍCARO ES UN GRAN PÍCARO

YO. - ¿Queréis a vuestro hijo?

ÉL. - ¿Que si yo quiero a ese pequeño salvaje? ¡Con locura!

YO. - Y no os ocupáis seriamente en atajar en él el efecto de la maldita molécula paterna.

ÉL. - Me ocuparé; aunque creo que inútilmente. Si está destinado a ser un hombre de bien, yo no le haré daño; pero si la molécula quiere que sea un pícaro como su padre, todos los esfuerzos que haga para convertirlo en un hombre honrado le perjudicarán. Como la educación cruza sin cesar la pendiente de la molécula, se sentirá tirado por dos fuerzas contrarias, y andará de soslayo en el camino de la vida, como yo veo una infinidad, tan torpes en el bien como en el mal. Son lo que llamamos tipos; de todos los epítetos el más temible, porque marca la mediocridad y el último grado del desprecio. Un gran pícaro es un gran pícaro, pero no es un tipo. Antes que la molécula paterna haya adquirido la supremacía y conducido a la perfecta abyección en que me encuentro, necesitará un tiempo infinito y perderá sus mejores años. Por el momento no hago nada, le dejo. Pero lo examino; ya es glotón, insinuante, ladronzuelo, perezoso y embustero; me temo mucho que sea cazador de raza.

HABÍA PERDIDO COMPLETAMENTE LA CABEZA

¿Qué no le vi hacer? Lloraba, chillaba, suspiraba; miraba enternecido, tranquilo o furioso. Era como una mujer que se desmaya de dolor, un desgraciado preso de la desesperación, un templo que se alza, pájaros que callan en el crepúsculo, aguas que murmuran en un lugar solitario y fresco o que descienden en torrente desde lo alto de las montañas; una tormenta, una tempestad, la queja de quienes van a perecer, mezclada al silbido de los vientos y al estrépito del trueno. Era la noche con sus tinieblas, la sombra y el silencio, pues el silencio mismo se pinta con sonidos: había perdido completamente la cabeza.

LE PEINTRE AMOUREUX DE SON MODÈLE

L'ISLE DES FOUX

jueves, 3 de julio de 2014

NO TENEMOS EN LA MEMORIA MÁS QUE PALABRAS

He aquí cómo somos todos: no tenemos en la memoria más que palabras, que queremos entender por su uso frecuente y la aplicación, incluso justa, que hacemos de ellas; y en el espíritu sólo nociones vagas. Cuando pronuncio la palabra canto no tengo nociones más definidas que vos ni que la mayor parte de vuestros semejantes al decir: reputación, censura, honor, vicio, virtud, pudor, decencia, vergüenza, ridículo.