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sábado, 5 de abril de 2014
UN APÓLOGO
Hasta podría constituir un apólogo: era una vez un pobre tipo que se había equivocado de mundo. Existía, como la otra gente, en el mundo de los jardines públicos, de los cafés, de las ciudades comerciales, y quería persuadirse de que vivía en otra parte, detrás de la tela de los cuadros, con los dux del Tintoreto, con los graves florentinos de Gozzoli, detrás de las páginas de los libros, con Fabricio del Dongo y Julián Sorel, detrás de los discos de fonógrafo, con las largas quejas secas del jazz. Y después de hacer el imbécil, comprendió, abrió los ojos, vió que había sido un error; estaba en una taberna, justamente, frente a un vaso de cerveza tibia.
CONCIENCIA DE ESTAR DE MÁS
Y éste es el sentido de su existencia: que es conciencia de estar de más.
SÓLO LOS COCHINOS CREEN GANAR
Toda mi vida está detrás de mí. La veo entera, veo su forma, veo los lentos movimientos que me han traído hasta aquí. Hay pocas cosas que decir de ella: una partida perdida, eso es todo. Hace tres años que entré en Bouville, solemnemente. Había perdido la primera vuelta. Quise jugar la segunda y también perdí; perdí la partida. Al mismo tiempo, supe que siempre se pierde. Sólo los cochinos creen ganar. Ahora voy a hacer como Anny, me sobreviviré. Comer, dormir. Dormir, comer. Existir lentamente, dulcemente, como esos árboles, como un charco de agua, como el asiento rojo del tranvía.
PUBLICACIONES OBSCENAS
"Quise apartar de mi pensamiento a Anny porque, a fuerza de imaginar su cuerpo y su rostro, había caído en una extremada nerviosidad; me temblaban las manos y sentía por todo el cuerpo estremecimientos helados. Me puse a hojear los libros en los escaparates de los revendedores y muy especialmente las publicaciones obscenas, porque a pesar de todo, entretienen la mente."
Comentario: Escribí unas líneas cuando leía 'La Montaña del Alma' del chino Gao Xingjian, y pegué un pasaje de 'La Náusea' de Sartre como se puede ver en el siguiente link:
Esquizofrenia en LINGSHAN de GAO XINGJIAN
Comentario: Escribí unas líneas cuando leía 'La Montaña del Alma' del chino Gao Xingjian, y pegué un pasaje de 'La Náusea' de Sartre como se puede ver en el siguiente link:
Esquizofrenia en LINGSHAN de GAO XINGJIAN
viernes, 4 de abril de 2014
NI SIQUIERA UN RECUERDO
De golpe existían y después, de golpe, no existían: la existencia no tiene memoria; no conserva nada de los desaparecidos, ni siquiera un recuerdo.
TRATAN DE OCULTARSE CON SU IDEA DE DERECHO
eso es la Náusea, eso es lo que los Cochinos -los del Coteau Vert y los otros- tratan de ocultarse con su idea de derecho. Pero qué pobre mentira: nadie tiene derecho; ellos son enteramente gratuitos, como los otros hombres; no logran no sentirse de más. Y en sí mismos, secretamente, están de más, es decir, son amorfos y vagos, tristes.
JUGAR CON EL ABSURDO DEL MUNDO
Y sin formular nada claramente, comprendía que había encontrado la clave de la Existencia, la clave de mis Náuseas, de mi propia vida. En realidad, todo lo que pude comprender después se reduce a este absurdo fundamental. Absurdo: una palabra más; me debato con palabras; allá tocaba la cosa. Pero quisiera fijar aquí el carácter absoluto de este absurdo. Un gesto, un acontecimiento en el pequeño mundo coloreado de los hombres nunca es absurdo sino relativamente: con respecto a la circunstancias que lo acompañan. Los discursos de un loco, por ejemplo, son absurdos con respecto a la situación en que se encuentra, pero no con respecto a su delirio. Pero yo, hace un rato, tuve la experiencia de lo absoluto: lo absoluto o lo absurdo. No había nada con respecto a lo cual aquella raíz no fuera absurda. ¡Oh! ¿Cómo podré fijar esto con palabras? Absurdo: con respecto a la grava, a las matas de césped amarillo, al barro seco, al árbol, al cielo, a los bancos verdes. Absurdo, irreductible; nada -ni siquiera un delirio profundo y secreto de la naturaleza- podía explicarlo. Evidentemente, no lo sabía todo; no había visto desarrollarse el germen ni crecer el árbol. Pero ante aquella gran pata rugosa, ni la ignorancia ni el saber tenían importancia; el mundo de las explicaciones y razones no es el de la existencia. Un círculo no es absurdo: se explica por la rotación de un segmento de recta en torno a uno de sus extremos. Pero además un círculo no existe. Aquella raíz, por el contrario, existía en la medida en que yo no podía explicarla. Nudosa, inerte, sin nombre, me fascinaba, me llenaba los ojos, me conducía sin cesar a su propia existencia. Era inútil que me repitiera: "Es una raíz"; ya no daba resultado. Bien veía que no era posible pasar de su función de raíz, de bomba aspirante, a eso, a esa piel dura y compacta de foca, a ese aspecto aceitoso, calloso, obstinado. La función no explicaba nada; permitía comprender en conjunto lo que era una raíz, pero de ningún modo ésa. Esa raíz, con su color, su forma, su movimiento detenido, estaba... por debajo de toda explicación. Cada una de sus cualidades se le escapaba un poco, fluía fuera de ella, se solidificaba a medias, se convertía casi en una cosa; cada una estaba de más en la raíz, y ahora tenía la impresión de que la cepa entera rodaba un poco fuera de mí mismo, se negaba, se negaba, se perdía en un extraño exceso. Raspé con el tacón aquella garra negra; hubiera querido descortezarla un poco. Para nada, por desafío, para que apareciera en el cuero curtido el rosa absurdo de un rasguño; para jugar con el absurdo del mundo. Pero cuando retiré el pie, vi que la corteza seguía negra.
YO ESTABA DE MÁS
Y yo-flojo, lánguido, obsceno, digiriendo, removiendo melancólicos pensamientos-, también yo estaba de más. Afortunadamente no lo sentía, más bien lo comprendía, pero estaba incómodo porque me daba miedo sentirlo (todavía tengo miedo, miedo de que me atrape por la nuca y me levante como una ola). Soñaba vagamente en suprimirme, para destruir por lo menos una de esas existencias superfluas. Pero mi misma muerte habría estado de más. De más mi cadáver, mi sangre en esos guijarros, entre esas plantas, en el fondo de ese jardín sonriente. Y la carne carcomida hubiera estado de más en la tierra que la recibiese, y mis huesos, al fin limpios, descortezados, aseados y netos como dientes, todavía hubieran estado de más; yo estaba de más para toda la eternidad.
jueves, 3 de abril de 2014
ES UNA FIESTA PARA MÍ
- ¡Ah! Conozco a todo el mundo. Pero a la mayoría sólo de nombre. Señor -dice con aire travieso-, ¿acaso está uno obligado a elegir sus compañeros de manera tan estrecha? Mis amigos son todos los humanos. Cuando voy a la oficina, por la mañana, delante, detrás de mí hay humanos que van a su trabajo. Los veo, si me atreviera les sonreiría, pienso que soy socialista, que todos ellos son el objeto de mi vida, de mis esfuerzos, y que todavía no lo saben. Es una fiesta para mí, señor.
LA CLASE DE MENTIRA QUE SE DICEN PERPETUAMENTE
- Concluía -me dice el Autodidacto en tono consolador- defendiendo el optimismo voluntario. La vida tiene un sentido si uno quiere dárselo. Primero hay que obrar, lanzarse a una empresa. Cuando se reflexiona, la suerte ya está echada, uno está comprometido. No sé qué piensa usted de esto, señor.
- Nada -digo.
O más bien pienso que es ésa la clase de mentira que se dicen perpetuamente el viajante de comercio, los dos jóvenes y el señor del pelo blanco.
- Nada -digo.
O más bien pienso que es ésa la clase de mentira que se dicen perpetuamente el viajante de comercio, los dos jóvenes y el señor del pelo blanco.
NINGUNA RAZÓN PARA EXISTIR
- Es que pienso -le digo riendo- que estamos todos aquí, comiendo y bebiendo para conservar nuestra preciosa existencia, y no hay nada, nada, ninguna razón para existir.
OCULTAR EL ENORME ABSURDO DE LA EXISTENCIA
Después de todo, hay que matar el tiempo. Son jóvenes y robustos, todavía tienen para unos treinta años. Entonces no se dan prisa, se demoran y no están equivocados. Cuando se hayan acostado juntos, habrá que buscar otra cosa para ocultar el enorme absurdo de la existencia. Con todo... ¿es absolutamente necesario engañarse?
domingo, 30 de marzo de 2014
ME SUCEDE QUE YO SOY YO
Nada ha cambiado y sin embargo todo existe de otra manera. No puedo describirlo: es como la Náusea y sin embargo es justo lo contrario: al fin me sucede una aventura, y cuando me interrogo veo que me sucede que yo soy yo y que estoy aquí; soy yo quien hiende la noche: me siento feliz como un héroe de novela.
NI LUNES NI DOMINGO
Pero para mí no hay ni lunes ni domingo: hay días que se empujan en desorden, y de pronto, relámpagos como éste.
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